Experiencia de Beatriz

Experiencia_Bea

Las tres semanas que pasé en Kiburanga han sido algo más que una experiencia distinta a cualquier otra que haya vivido. Es algo de lo que sé que, por mucho tiempo que pase, podré olvidar detalles, pero no olvidaré lo que allí vi, sentí y sobre todo la gente a la que conocí y con la que compartí mil y un momentos buenos.

Tanto los voluntarios locales como la comunidad de Kiburanga nos acogieron desde el primer momento como si nos conocieran desde siempre y, a medida que pasaban los días, cada vez tenía más la sensación de formar parte de una gran familia en la que todos cuidan de todos y cada uno ayuda al resto en la medida que puede.

Lo que más me impresionó es el grupo de mujeres que forman la comunidad. Tuvimos la suerte de conocer sus historias de primera mano en las visitas que hacíamos a sus casas cada tarde o en las reuniones semanales que tiene el grupo. La mayoría son historias que aquí calificaríamos como tristes, otras son duras y otras asombrosas para quien no conoce la cultura de Kuria (que es la región en la que se encuentra Kiburanga) pero ahí, en esos momentos y escuchando esas historias, es cuando empecé a entender la realidad de Kiburanga.

Me encantó compartir el día a día con ellas, trabajar con ellas, cocinar con ellas, jugar con sus hijos… Son mujeres luchadoras, trabajadoras, valientes, pero sobre todo unidas y esto les da fuerza para seguir adelante, seguir ideando proyectos y seguir queriendo cambiar la situación de la comunidad.

Por otro lado, el trabajo que realizamos estuvo en general muy bien organizado, aparte de instalar tanques de agua, plantamos árboles y ayudamos a construir una casa  para un miembro de la comunidad, pero de lo que me llevo un recuerdo muy bueno es del proyecto de escolarización de niños de la comunidad que empezamos allí y que continuamos ahora desde Madrid. Me encanta pensar que esos niños con los que tanto jugué y de los que tanto me encariñé tendrán, si todo va bien, oportunidad de ir a la escuela.

Al final era verdad lo que nos decían, que te llevas mucho más de lo que dejas, y es que no sólo me he llevado una buena experiencia, me he llevado amigos, emociones, buenas sensaciones y sobre todo una lección de valores y de cómo mirar a la vida.

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